Círculo sobre oración mental

octubre 22, 2008

Idea central: Cuando hago oración mi inteligencia llega, toca, accede…a Dios mismo, en persona, no a otro ni a otra cosa.

Aclaremos lo anterior:

La inteligencia cuando conoce algo, no accede a una fotocopia de ese algo, o a unas ideas de ese algo, o a unas teorias sobre ese algo, sino que llega, toca.. al algo, la cosa misma, en latín la res misma.
Que grande es la virtud de la Fe, que permite a mi inteligencia tocar a Dios mismo.

Por eso podemos amar a una persona real porque con el diálogo amoroso se llega a la persona misma.
Por eso la oración cristiana comienza en Cristo: perfecto Dios y perfecto hombre.

Por tanto la oración no es sólo unas reflexiones religiosas, unas meditaciones sobre cuestiones espirituales, sino una oportunidad de oro, donde Dios mismo (en primera persona) se me da a conocer (lo cual es muy de valorar), y en ese momento, como dice Cabasilas.. la foma divina incide en el alma de algún modo.

Copio el texto del libro “La Vida en Cristo” de Nicolas Cabasilas donde se explica la idea central mucho mejor.

Libro 2, V, El conocimiento de Cristo
(el capitulo anterior es el “Testimonio de los mártires” y es a lo que se refiere en las primeras líneas)

Es evidente que aquéllos fueron dolores y luchas de enamorados. Y que el hechizo de Cristo les impulsó a tan maravilloso espectáculo.
¿Dónde está la raíz de ese amor? ¿Qué influencia les hizo capaces del mismo? ¿Quién les encendió esa llama? El conocimiento es quien engendra el amor. El uno engendra al otro, ni puede prender el amor de una cosa sin conocer previamente su belleza. Y como este conocimiento puede ser perfecto e imperfecto, al amor le sucede otro tanto. Así, cuando la verdad y la belleza son conocidas en perfección, plenamente se las ama tanto como merecen. pero lo que a medias se conoce, débilmente se ama.
Por consiguiente, debemos concluir que el bautismo aporta a los neófitos cierta percepción y como sentido de lo divino, revelándoles en su bondad la belleza increada, haciéndoles percibir su hermosura y gozar sus encantos: conocimiento experimental superior al que el maestro puede enseñar a sus discípulos. (Cfr. nota)
Siendo doble el camino de la verdad –el discípulo que nos lleva a la verdad por el oído y la invención personal de la verdad-, el primero no nos pone en contacto con el objeto, sino a través de la palabra o como en espejo, sin que la imagen perciba exactamente la belleza de la realidad. Es imposible encontrar en el mundo objeto tan semejante a otro que nos sirva de medio adecuado para conocer el primero. Por el contrario, conocer experimentalmente es captar la palpitante emoción del objeto. En este caso, la forma misma del objeto que incide en el alma, reflejo fiel de su belleza suscita el deseo.
El primer modo nos permite sólo formarnos una imprecisa y oscura imagen de la realidad por la semejanza con otros objetos , al no lograr nuestra alma captar la idea exacta de la realidad misma: la amplitud del conocer mide la amplitud de nuestro desear. Por ello ni lo amamos como merece, ni obra en nosotros cuanto podría, pues no logramos sentir el toque de su forma. Y al ser diversa la forma que incide en el alma, es diversa la impresión y distinto el amor.
Si la seducción del amor de Cristo no produce en nosotros nada nuevo y sobrenatural, signo es de que no le conocemos más que de oídas. Siendo esto así ¿cómo conocer perfectamente a quien no tiene igual, ni cosa en que convenga con las criaturas todas, para que pueda servir de comparación, ni presidió como modelo  a la creación de las mismas
¿Cómo captar, pues, su belleza para que nazca de ahí un amor que iguale su hermosura?
El mismo Esposo es quien vulneró a aquellos que por Él sintieron un amor tan poderoso que supera las fuerzas de criatura y les permite emprender y consumar empresas no soñadas. Él mismo les hizo entrever un rayo de su belleza: la profundidad de la herida testimonia el rigor de la flecha. El murmullo del oleaje de amor denuncia a quien lo agita.